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UNIDAD 1

El boom de las redes sociales

Además de conectar con gente, las redes sociales te dan la posibilidad de seguir a páginas que te interesan, compartir su contenido etc. Pero, ¿eres consciente de hasta qué punto estás proporcionando información a las empresas? Las redes actúan como un gran escaparate para darse a conocer pero también son un canal que se nutre gracias a nuestros datos personales, por lo que es importante ser conscientes de la importancia de proteger nuestra privacidad en Internet.

El origen de las redes

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Infografía interactiva

El negocio de las redes

Las redes sociales son comunidades online de personas con intereses o actividades en común. Tipología de redes sociales pueden ser horizontales o verticales. ¿De qué tipología son las que utilizas?

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La teoría de los seis grados de separación

En 1930 el escritor húngaro Frigyes Karinthy escribió un relato llamado Chains, en el que exponía una hipótesis muy interesante que seguro que has oído alguna vez, aunque el nombre de este escritor no te suene de nada.

La teoría es la siguiente: cualquier persona del planeta está conectada a otra por una cadena de solo cinco conocidos. Es decir, que solo seis vínculos te separan de esa persona que admiras y te parece inalcanzable o esa otra que ni siquiera sabes que existe.

La hipótesis se basa en que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena. Según esta teoría, se calcula que cada persona conoce, de media, entre amigos, familiares y compañeros de trabajo o escuela, a unas 100 personas. Si cada una de esas personas cercanas se relaciona con otras 100, cualquier individuo podría hacer llegar un mensaje a 10.000 personas tan solo pidiendo a sus amigos que pasaran el recado a sus conocidos.

Estas 10.000 personas serían contactos de segundo nivel, es decir, la persona que pasa el mensaje no los conoce, pero podría pedir a sus amigos que se los presentasen. Es un tipo de red social informal a la que se suele recurrir cuando preguntamos a alguien, por ejemplo, si conoce a otra persona a la que pudiera interesarle comprar nuestra bici, o que nos quiera contratar de canguro.
 

Si esos 10.000 contactos conocen a otros 100, la red ya se ampliaría a 1.000.000 de personas conectadas en un tercer nivel, a 100.000.000 en un cuarto nivel, a 10.000.000.000 en un quinto nivel y a 1.000.000.000.000 en un sexto nivel. En seis pasos, y con las tecnologías disponibles, se podría enviar un mensaje a cualquier individuo del planeta. 

Sin embargo, la teoría supone que cada persona conoce a 100 individuos distintos, pero en la práctica muchos de ellos pueden ser conocidos comunes.

Lo cierto es que el único estudio que se ha hecho para probar esta teoría lo llevó a cabo el Equipo Científico de Datos de Facebook en 2011, con todos los usuarios activos de su página en ese momento: 721.000.000 miembros (alrededor del 10 % de la población mundial). Y lo que demostró fue aún más sorprendente. El estudio halló que actualmente solo hay 4 grados de separación entre nosotros.

Los resultados mostraron que el 99,6 % de pares de usuarios estaban conectados por 4 grados de separación, por lo que el famoso dicho, el mundo es un pañuelo, se está convirtiendo en una realidad.

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Mi privacidad y datos: ¿qué hacer?

La mayoría de las apps, redes sociales y servicios web nos permiten disfrutar de sus prestaciones de forma gratuita a cambio de poder analizar nuestros datos personales. Hemos pasado de ser clientes o consumidores a convertirnos en los propios productos con los que comercian estas empresas.

De nuestra actividad en las redes (clics en “Me gusta”, publicaciones, comparticiones, vídeos visualizados, artículos leídos y, en definitiva, el contenido por el que nos interesamos en estas plataformas) se desprende nuestra huella digital, es decir, el rastro que dejamos al utilizar internet y que puede ser visto por otras personas o almacenado en una base de datos. Este historial en línea muestra tus gustos e intereses. Con estos datos, las redes sociales obtienen un beneficio económico proporcionado por los anunciantes, que buscan dirigirse a posibles clientes o que quieren información que les permita hacerse una idea de los hábitos de los usuarios cuando se conectan a internet.

Esto no es necesariamente malo. Nosotros sacamos partido del servicio que estas empresas nos ofrecen y las consecuencias de ceder nuestros datos no tienen por qué ser negativas: la publicidad que aparece cuando navegamos por internet está cada vez más personalizada y se ajusta a lo que nos interesa.

Pero es imprescindible que seamos conscientes de cómo funciona el sistema. Si cedemos nuestros datos sin pensárnoslo cuando descargamos aplicaciones, si aceptamos todos los avisos sobre permisos y privacidad sin ni siquiera leerlos, podemos acabar siendo víctimas de prácticas fraudulentas. 

Debemos proteger nuestra privacidad en internet y controlar la información personal que intercambiamos cuando interactuamos con diferentes servicios on‑line.

Estas son algunas recomendaciones básicas para proteger nuestra privacidad en la red:

Conocer las políticas de privacidad

Todos tenemos derecho a que nuestros datos de carácter personal estén protegidos por la ley. Es obligatorio que cualquier red social nos dé opción a decidir quién tiene acceso a nuestros datos y a saber para qué se usan. También deben informarnos de cómo modificarlos o cómo borrarlos de sus ficheros de datos. Los derechos para proteger los datos personales de cualquier persona, mayor o menor de edad, se conocen como derechos ARCO (derechos a Acceso, Rectificación, Cancelación y Oposición). Por eso, antes de introducir cualquier dato personal en internet, hay que asegurarse de que la web o servicio que se está utilizando dispone de una política de privacidad y, una vez encontrada, leerla detenidamente.

Proteger nuestros dispositivos móviles con una clave

Los smartphones y tabletas almacenan una gran cantidad de información personal. Si caen en manos de un tercero, éste podría acceder a las aplicaciones, correos electrónicos, fotografías y vídeos del propietario.

Administrar las contraseñas de un modo responsable e inteligente

No utilizar siempre la misma contraseña y escogerlas complejas, combinando aleatoriamente letras y números.

Limpiar el historial y las cookies de nuestros dispositivos y establecer la navegación privada

Las cookies son pequeños archivos que se instalan durante la navegación y permiten, entre otras funciones, conocer en detalle los hábitos de comportamiento on‑line del usuario. Es recomendable borrarlas regularmente y saber que existen fórmulas para evitar dejar un rastro de los sitios que se visitan, como la navegación privada.

¿Cómo borrar las cookies? Se trata de un simple paso con el que puedes evitar que se rastree tu actividad on‑line. Lo primero que debes hacer es seguir esta ruta: Inicio>Panel de control>Opciones de Internet; una vez allí haremos clic en Eliminar cookies, Eliminar historial y Eliminar archivos. De esta manera ya habremos acabado con la limpieza de los archivos de internet. Pero recuerda hacerlo cada poco tiempo, ya que no se eliminan de forma permanente.

Revisar la configuración de privacidad

Los navegadores, las apps y las redes sociales pueden ser una importante fuente de información personal. Los usuarios deben revisar periódicamente la configuración de privacidad de cada uno de ellos, controlando, por ejemplo en el caso de las redes sociales, quiénes pueden ver los datos que publican.

Agregar como contactos solo a personas que conozcamos 

En las redes sociales hay que evitar aceptar a gente de dudosa procedencia. Muchos miden el éxito de su cuenta por la cantidad de contactos que tienen, sin tener en cuenta que pueden estar facilitando la entrada a un ataque cibernético de cualquier tipo.

Proteger los datos personales y la información comprometida

Procurar que la información que se cuelga no sea demasiado específica, como el teléfono o la dirección de casa o del trabajo, y tratar de no hacer comentarios que puedan ponernos en riesgo, como por ejemplo que te vas de vacaciones y la casa se queda vacía. 

No proporcionar el correo, teléfono o código postal de forma continuada

Hoy en día, para registrarnos en cualquier página web o promoción necesitamos dar nuestro correo electrónico. Después pueden utilizar nuestro e‑mail para enviarnos promociones que no deseamos.

Tomar precauciones cuando transfiramos datos financieros a través de internet

Cualquier transacción comercial debe realizarse a través de servidores seguros (páginas cuya url comienza por https) o bien mediante servicios de confianza. Tampoco es recomendable llevar a cabo compras on-line por medio de redes wifi públicas.

Poner una alerta en Google con tu nombre

Esta es una manera muy fácil de estar al tanto de lo que se dice acerca de ti en internet.

Desactivar la geolocalización cuando no se precise su uso

La geolocalización, presente en multitud de redes sociales y aplicaciones móviles, puede llegar a revelar detalles y pautas de conducta sobre la vida privada del usuario. Es recomendable desactivar esta opción cuando no la necesitamos.

Cerrar todas las sesiones a las que accedas

Si no cerramos sesión las posibilidades de rastreo pueden ser infinitas.

Cifrar nuestros dispositivos

El cifrado es el proceso a través del cual la información puede ser codificada para que nadie más pueda acceder a ella.

En caso de ser usuario de Mac, ir a “Herramientas”, “Seguridad y privacidad”, elegir “FileVault” y seleccionar “Cambiar a FileVault”. Los usuarios de Windows tendrán que usar BitLocker.

Actualizar siempre todos los programas con las últimas versiones

Tener el sistema operativo actualizado, tanto en ordenadores como en dispositivos móviles. Las últimas versiones son más seguras, porque son las que con más frecuencia corrigen las vulnerabilidades (fallos de programación) que permiten a los hackers infiltrarse en los dispositivos. El navegador también debe estar actualizado.

Contar con un antivirus

Todo dispositivo con acceso a internet (también los móviles) debe tener un antivirus actualizado. La mayoría de los dispositivos incluye uno de serie, que se actualiza automáticamente. Si no es así, conviene adquirirlo o instalar uno.


 

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Facebook, la red que todo lo ve

Todos en Facebook seguimos páginas que publican contenido que nos interesa y le damos a “Me gusta” al que comparten nuestros contactos, pero ¿somos conscientes de hasta qué punto esta actividad proporciona información a las empresas? 

Si nosotros mismos podemos deducir muchas cosas explorando el perfil de un desconocido (¿quién no ha hecho esto alguna vez?), imagina la potencia que tiene el Big Data a la hora de analizar nuestra actividad en Facebook, como cuando le damos a “Me gusta”, hacemos comentarios, subimos fotos o interactuamos con otros usuarios, etc.

El Departamento Científico de Datos (Data Science Team) de Facebook es el encargado de recopilar y analizar toda esta información. Con ella pueden determinar nuestros gustos e intereses y las tendencias que seguimos.

Facebook obtiene beneficios económicos vendiendo espacios publicitarios a otras empresas. Estos ingresos dependen de la cantidad de gente que vea los anuncios, por lo que Facebook trata de mantener a sus usuarios activos. Para ello utiliza la información que le proporciona su departamento de datos y diseña una experiencia más personalizada: a cada usuario le aparecen los contenidos, las sugerencias de amigos y la publicidad que más se ajusta a su perfil y a su actividad en la red.

Para Facebook es importante obtener conocimiento no solo de los datos cuantitativos (los que se pueden expresar en números) sino también de los cualitativos. Su intención es analizar cómo nos comportamos, cómo nos comunicamos, por qué lo hacemos y qué acontecimientos de nuestras vidas o del mundo en general impulsan nuestras respuestas emocionales.

Sin embargo, muchos usuarios no están contentos con la cantidad de datos que Facebook recaba sobre ellos e incluso llegan a borrar sus cuentas por este motivo. Legalmente, Facebook está obligado a mostrarnos qué tipo de información personal está almacenando. Si tienes una cuenta y entras en la configuración, verás que aparece la opción de descargar una copia de tus datos. Además de fotos, vídeos, comentarios, mensajes y posts, en la copia aparecen también los dispositivos desde los que te has conectado, inicios y cierres de sesión, en qué anuncios has hecho clic, cuáles cree que son tus intereses (con listados que pueden presentar más de 300 temas) y una extensa lista de tus contactos que incluye sus correos y números de teléfono.

Facebook es una de las redes sociales de las que más se conoce su tarea de recopilación de datos, y se ha ganado la desconfianza de algunos de sus usuarios por la falta de garantías sobre la preservación de su privacidad. Pero seguro que muchas otras redes sociales hacen lo mismo, redes que utilizas a diario sin tener conocimiento de qué es lo que saben de ti.

Aparte de Facebook, otro de los principales gigantes digitales que más información recopila de las actividades de sus usuarios es Google. Dado que son los que tienen un volumen de público más elevado, su poder informativo es extraordinario y de un valor inimaginable.

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Los nuevos influencers de la sociedad

Como hemos dicho anteriormente, las redes sociales permiten conversar con multitud de personas a la vez. Esto supone una ventaja para todas aquellas personas que quieren darse a conocer y mostrar sus habilidades. Las redes son un gran escaparate, un puente con la sociedad. A las grandes marcas les ha costado entender cómo funcionan, cómo puede ser beneficioso publicar contenido de manera gratuita. Los que más han sabido aprovechar esto han sido aquellos que empezaban desde cero, como completos desconocidos para la sociedad. Este es el caso de muchos artistas que han conseguido hacerse famosos de la noche a la mañana. El ejemplo más conocido es Justin Bieber, que se hizo popular por interpretar canciones de otras estrellas de la música a través de YouTube.  

Otro artista que se popularizó gracias a esta plataforma de vídeos es Lana del Rey, quien había grabado un disco antes, pero no consiguió la fama hasta que subió un vídeo a YouTube. 

Justin Bieber
Lana del Rey

Estos y muchos otros casos son un claro ejemplo de cómo muchas veces el “boca a boca” funciona mejor que una buena y costosa campaña de marketing.

La mayoría de estos artistas han impulsado sus carreras gracias a las redes sociales, utilizándolas como medio para darse a conocer. Pero luego están los que han creado un oficio basado en el uso de las redes sociales, como los llamados influencers de la sociedad. Siempre han existido personajes con una elevada capacidad para forjar nuevas conductas sociales, hábitos y tendencias. La diferencia es que hoy en día el principal campo de actuación para estos individuos son las redes sociales.

Encontramos dos ejemplos que son actualmente los más generalizados:

Youtuber, un oficio muy rentable

YouTube es la plataforma de vídeos en streaming más popular del mundo. Fue creada en 2005 y, solo un año después, Google la compró por 1.300 millones de dólares, convirtiéndose en una de las adquisiciones más rentables de la historia de internet.

YouTube permite a cualquiera subir y publicar sus propios vídeos, pero fue a partir de que empezara a compartir con los usuarios los ingresos que obtenía en publicidad por los visionados cuando ser youtuber pasó a convertirse en una verdadera profesión. Los tres youtubers (es decir, usuarios que tienen un canal propio en YouTube) más seguidos del mundo, en la actualidad, son PewDiePie, HolaSoyGerman y Smosh. Juntos suman unos ingresos anuales mínimos de 1.248.600 euros y superan en popularidad a las estrellas musicales del momento, según la página web de estadísticas de YouTube, Social Blade. PieDiePie aka Felix Kjellberg
HolaSoyGermán aka Germán Garmendia
Smosh aka Ian Hecox y Daniel PadillaHoy en día, YouTube es la tercera web más visitada del mundo y el segundo buscador más usado después de Google. Cada minuto sus usuarios (unos mil millones) suben más de 300 horas de vídeo. No solo ha hecho posible que algunas personas puedan ganarse la vida con ello, sino que también ha cambiado nuestra forma de consumir este tipo de entretenimiento audiovisual. Ahora nosotros elegimos qué queremos ver y cuándo verlo.

Existen canales sobre videojuegos, humor, moda, belleza, cocina o casi cualquier tema que uno pueda imaginar, aunque la audiencia que predomina  de momento son los adolescentes y los jóvenes (entre 13 y 24 años).

Si bien ser youtuber parece una profesión fácil y rentable, no es tan sencillo llegar a un nivel que nos permita vivir de ello. YouTube comparte con el autor los ingresos generados por los anuncios que aparecen antes y después del vídeo, y en el resto de la página. Por lo general, las 1.000 visitas se pagan a más o menos un euro, pero no es algo estándar. YouTube suele pagar de forma mensual, cuando se ha llegado a un importe mínimo de unos 100 euros. Si no es así, este se irá acumulando.

Si hacemos las cuentas, vemos que no se trata de tanto dinero. Es necesario conseguir muchas visitas para obtener una paga algo relevante. Si, por ejemplo, nos gustaría conseguir unos ingresos extra de 250 euros al mes, deberíamos hacer 4 vídeos mensuales y conseguir por cada uno algo más de 60.000 visitas. Los acuerdos pueden mejorar cuando se aumentan las visitas.

Instagrammers, la inspiración para las marcas

Instagram es una red social de imágenes, en las que participan usuarios con intereses muy diversos. Existen cuentas sobre gastronomía, ilustración, moda, viajes o arquitectura, por citar algunos ejemplos. 

Aunque Instagram no paga nada a los usuarios que comparten sus fotos, hace tiempo que las marcas empezaron a ponerse en contacto con aquellas personas que, gracias a su estilo particular o a la calidad de sus fotos, habían logrado reunir una enorme cantidad de seguidores. Algunos de estos instagrammers han conseguido el éxito gracias a la visibilidad que les ha proporcionado esta plataforma para mostrar su arte y su creatividad. Otros han sido fichados por empresas para protagonizar sus campañas publicitarias o realizar colaboraciones. A veces una marca regala su producto a cambio de que la persona suba a su cuenta una foto con una mención, pero en el caso de los instagrammers con más seguidores, como son algunas modelos, un simple selfie puede pagarse por miles de euros.

Community manager, el vigilante en la sombra

Con el afán de las empresas por publicitarse a través de las redes sociales nace el oficio del community manager, como gestor de los perfiles digitales de esas empresas. Habida cuenta del poder de influencia que tienen las redes sobre la sociedad, todas las marcas quieren aparecer en ellas, pero alguien debe ocuparse de administrar la actividad de sus perfiles, de recopilar todo aquello que se dice sobre la marca. 

Velan por la identidad de la marca y su reputación, deciden el contenido que se publicará, contestan a los mensajes de los usuarios, pero siempre hablando en nombre de la marca y no de forma personal. Son los vigilantes en la sombra ya que, a diferencia de los influencers, su identidad no suele conocerse.

community manager

 

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